Llevo 25 años viviendo en un fraccionamiento, y no crean que es uno de esos
que lo tiene todo; al contrario, no tiene nada más que casas y un pequeño
jardín al centro. Pero lo que sí tiene es una tranquilidad que ya quisieran tener
grandes lugares de la ciudad.
Esa tranquilidad viene a su vez de la seguridad que impera ahí. Y aunque
los “policías” de la entrada no lo son, por lo visto hacen muy bien su trabajo
de no dejar entrar a todos. Si mi memoria no me falla, hace 10 años sucedió el
único robo a la casa 12, ese era el número. Y pasó porque un empleado, al que
le quedaron debiendo dinero, decidió cobrarse a lo chino metiéndose a robar
todo lo que pudo desde una calle aledaña. Supongo que ese día, los “policías”
prefirieron quedarse a ver películas en su caseta, que dar su rondín. Pero ha
sido la única situación riesgosa dentro del fraccionamiento.
A veces he contado esta historia y me he topado con casos donde. A
diferencia mía, las personas deciden salirse de esos lugares por la inseguridad
que impera ahí dentro, pero según mis propias estadísticas son casos contados.
Y aunque tener una casa propia, en plena calle suena prometedor, yo estoy
convencido que dormiría menos por estar atento a los ruidos que probablemente
me harían pensar que alguien quisiera robar algo de casa.



No comments:
Post a Comment