Van varias veces en la madrugada que una vecina grita desesperadamente:
llamen a la policía.
La primera vez fue desconcertante pero admito que convertí su grito de
auxilio en una escena más del sueño que estaba teniendo.
La segunda vez, sí me levanté y asomé por la ventana, pero así como la
vecina abrió la puerta, la cerró. Luego se escucharon golpes en la pared,
vidrios rotos. Y descubrí a otros vecinos igual que yo, queriendo saber lo que
sucedía.
Llamé a la policía y aunque llegó 4 horas después y ya con sol, la señora
abrió tranquilamente la puerta y les dijo que todo estaba bien. Bueno, esa
escena se repitió muchas veces y a distintas horas del día. Luego supe que su
hijo era el causante de todo. Es un adolescente que seguro tiene una anomalía
nerviosa que domina a sus padres. Él es una especie de Dr. Jekyll
y Mr. Hyde, pues por lo visto nadie puede controlar su ira. Pero aludiendo al
título de este texto, llevo varios vecinos que pasan por esa misma casa y todos
han generado problemas, todos han sido malos vecinos.
Y no es que yo sea el vecino perfecto, pero tengo mucho respeto por las cosas
que pueden molestar a quienes viven de manera adyacente a mí. Los buenos
vecinos parecen ser ahora una vieja raza que se extingue. Bien acabamos de ver
un episodio en Playa el Carmen en donde un vecino, con todo su derecho, le
exige a una vecina suya que se lleve a sus perros de su propiedad y como
resultado la señora y su esposo golpearon salvajemente al hombre hasta dejarlo
en estado parapléjico. ¡Todo por un reclamo!
Tengamos conciencia, tengamos respeto por los demás y sus cosas. Seamos
vecinos responsables, pero sobretodo, seamos vecinos humanos. No podemos dejar
que el buen y consciente trato se vaya así como por arte de magia.


No comments:
Post a Comment