El testamento es la escritura pública en el que una persona declara
voluntariamente lo que se hará con sus bienes, una vez que muera. Cuando muere,
los herederos de dichos bienes, deben seguir todo un proceso para que se les
asignen de manera legal.
Y ese proceso se denomina sucesión testamentaria. Si no se realiza este
proceso, ningún heredero podrá hacer uso de la parte que le corresponde, pues
legalmente el fallecido seguirá siendo el dueño legal de todo.
La sucesión testamentaria sirve para presentar a los herederos ante el juez
y que de esta forma se tenga conocimiento pleno de las partes en que será
dividida la herencia, y a quién o quiénes les corresponderá.
Cuando la sucesión testamentaria termina, se da paso a la siguiente etapa
llamada adjudicación, en la cual los herederos podrán poner a su nombre los
bienes heredados y de esta manera, podrán hacer uso de ellos de acuerdo a su
conveniencia. En el caso de heredar propiedades, la adjudicación les permitirá
vender, rentar, fraccionar o lo que deseen hacer con ellas, pues ya serán los
dueños oficiales de todo.
La sucesión testamentaria tiene ciertas características que son necesarias
saber, entre ellas, que es un acto
jurídico donde se realiza la última voluntad de quien muere y que nadie puede
alterar el documento más que la persona que lo escribe en vida.
Por eso, cuando una persona muere sin haber hecho testamento, se dice que
murió intestada y ahí la sucesión entrará en un proceso diferente. Cómo ves, es
de suma importancia que las personas hagan conciencia del valor que tiene un
testamento.
Si tú estás en posición de hacer un testamento, hazlo y evítales futuros
problemas a tus herederos para que la sucesión sea lo mejor posible y tus
bienes se repartan de la manera como tú desees.


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