Yo soy de esas personas que históricamente ha preferido la luz cálida en
lugares de trabajo y en casa. Y es que desde que se implementó la norma sobre
el uso de focos ahorradores, la gente comenzó a tener luz fría en sus espacios.
Primero hay que partir sobre el concepto de luz fría y cálida.
La luz fría tiene rangos de color azul, ilumina de una manera más fuerte
los espacios y tiene aplicaciones específicas, como resaltar los contrastes,
así como generar una mayor concentración.
La luz cálida, con sus tonos amarillos, crea atmósferas acogedoras, íntimas
y relajantes y por lo mismo es la mejor opción para los dormitorios, salas y
bares; también ayuda a resaltar detalles arquitectónicos, de diseño o
decorativos. Y aunque ninguna es mejor que la otra, yo no puedo concebir una
casa con luz fría. ¿Por qué? Pues porque la casa debe ser un lugar acogedor y
amigable.
Cuando he visitado casas cuya iluminación se da con luz fría, no puedo
pensar más que en hospitales u oficinas de gobierno, pues son en ellas donde se
usa siempre. Como bien dice el dicho, cada quien a lo suyo, y en el tema de la
iluminación existen, aparte de las necesidades, los gustos, así que más allá de
la funcionalidad, habrá personas que sean atraídas por los rangos azules y
muchas otras hacia los rangos amarillo de la luz cálida. ¿Y tú por cuál te
inclinas?



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